Reflexiones sobre una experiencia de violencia de género
«Viví una situación extrema que me dejó física y emocionalmente rota, y además me encontré con un sistema que no supo protegerme ni acompañarme. Eso me llevó a años de silencio, culpa y desconexión. Pero cuando por fin encontré un espacio especializado y seguro, pude empezar a perdonarme, entender mis emociones, reconstruir mi autoestima y recuperar partes de mí que creía perdidas.«
«Hoy hablo desde otro lugar: desde la claridad de que lo que viví no define quién soy ahora. He puesto límites, he recuperado mi vida y sigo en un proceso de crecimiento que me ha enseñado a mirarme con respeto, cariño y mucha más fuerza de la que imaginaba. Hoy puedo decir bien alto y claro: Quiero vivir mi vida al máximo.»
Lo que NO me sirvió
- La desprotección institucional: sentir que la policía minimizaba lo que pasaba y que no se tomaban en serio las pruebas.
- El trato judicial frío y deshumanizado, más pendiente de quedar bien que de entender mi situación.
- Orientación social inadecuada, llena de prejuicios y consejos que aumentaban mi culpa en lugar de ayudarme.
- Pasar por psicólogos sin formación en trauma ni violencia, que no sabían cómo abordar lo que yo estaba viviendo.
- Aprender a callarme porque hablar solo abría heridas y no obtenía apoyo real.
- La culpa que fui arrastrando por comentarios, miradas y la sensación constante de que era responsable de lo que había sufrido.
- La ansiedad, la baja autoestima y las conductas autodestructivas que aparecieron porque no tenía herramientas para gestionar el dolor.
- El aislamiento al que me vi empujada y que me dejó sin red ni apoyo.
- El derrumbe emocional años después, cuando el trauma volvió con más fuerza porque nunca se había trabajado.
- La huida a través de las drogas para anestesiarme y no enfrentar emociones que me daban miedo.
Lo que SÍ me sirvió
- Encontrar, por fin, a una profesional especializada que entendía el trauma desde dentro.
- Trabajar la culpa y desmontarla poco a poco hasta dejar de cargar con algo que no me pertenecía.
- Aprender a hablarme bien, a escucharme y a recuperar mi propia voz.
- Hacer ejercicios que me ayudaron a reconocer emociones, sentirlas sin miedo y soltarlas cuando era necesario.
- Reconstruir mi autoestima y entender que no tengo que ser perfecta para nadie.
- Empezar a poner límites, aunque cueste, y sostenerlos sin sentirme culpable.
- Recuperar mi autonomía: hacer cosas sola, reconciliarme con mi ciudad, reconquistar espacios que antes me daban miedo.
- Aceptar que sanar es un proceso largo y no lineal, y que mi ritmo es válido.
- Sentirme acompañada, pero sin depender; encontrar equilibrio entre apoyo profesional y vida propia.
- Redefinirme: dejar atrás la identidad marcada por el trauma y reconocer mi fuerza, mis límites y mi valor.
M.C.G. Mujer joven valiente, resiliente y luchadora.
El bosque de tu memoria
ha sido devastado.
Temes morir
pero es mucho peor
que te autodestruyas.
Sin quererlo te levantas,
buscas ayuda.
Conoces alguien profesional:
escucha sin juzgar.
Acordáis citas, te guía
y devuelve la luz a tus días.
Pasas las semanas, los meses
y dejas de preocuparte, creces.
Ha vuelto la primavera
al bosque del que huías.
Ahí lo comprendes:
lo que era,
no es lo que soy
y lo que soy
aún no es lo que puedo ser.
Gracias por cada segundo
invertido en mejorar mi vida.
M.C.G.
